Ir a Las Leñas, ¿en verano?

No tenía muchas opciones ya que estaba por la zona y era verano. Destino de invierno preferido para los esquiadores y en verano parece un paisaje del noroeste argentino. Pero estaba por allí y eran pocos kilómetros para llegar. Lo único que vi fueron contingentes de jubilados. Me hizo acordar a la Quebrada de Humahuaca por el color de las montañas.

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Estaba en Malargüe e iba con destino a San Rafael pero fue un largo trayecto desde Cutral Có y viajé por el peor tramo de la ruta 40. Fueron 100 KM de piedras, muchos burros en el camino y también los burros que no saben conducir que van a alta velocidad levantando piedras sin importar el otro y si se rompe o no el parabrisas. Muchas de las camionetas en ese tramo son de empresas petroleras, amo y señor de la zona. Al llegar a Malargüe estaba agotada y decidí quedarme. La ciudad en verano es un punto de paso que no dice nada y que en invierno recobra vida. Sí, hay muchos puntos turísticos como la Cueva de las Brujas y porque no ir a Las Leñas en verano.

El camino es muy pintoresco, con curvas y contracurvas y en cada vuelta un paisaje nuevo y distinto. Pero obvio, sin la nieve aunque se ven los picos nevados de la Cordillera de los Andes. Ya antes de llegar a Las Leñas es lindo hacer una parada para ver el “Pozo de las ánimas” un espejo de agua dulce y con muchas leyendas, pero la realidad de la geología indica, según el cartel, que es un proceso de formación geológica de disolución de la caliza o yeso por las aguas subterráneas. Se estima que la profundidad es de 80 metros y una circunferencia de 200 metros.

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Según la página Mendoza Travel, la leyenda dice así:

La leyenda del lugar cuenta que dos pueblos que habitaban de uno y otro lado de la Cordillera de los Andes mantenían una relación tensa cuando, en una ocasión, el pueblo del lado chileno (de costumbres aguerridas) estaba persiguiendo a un reducido número de pobladores de la zona de Los Molles. Ya era de noche y los perseguidos, advirtiendo que no se oían mas los gritos de sus enemigos, y luego de tomar recaudos por si se trataba de una treta de sus rivales, retornaron hasta sus moradas dando algunos rodeos. Al día siguiente, con las primeras luces, volvieron al lugar y comenzaron a oír algunos lamentos que les llamaron la atención. Con cautela continuaron avanzando y con gran sorpresa se encontraron con dos enormes pozos que se habían hundido bajo los pies de sus perseguidores, en el fondo se encontraban los cuerpos moribundos de sus enemigos. Sus gemidos asustaron a los observadores, quienes desde ese momento veneraron la formación que los había salvado dándole el nombre de “lugar en que lloran las ánimas”. Además la tradición regional sostiene que a este lugar van a rezar y llorar las almas que andan en pena por las montañas.

Verdad o mentira, para los que nos gusta la fotografía y según la hora del día es digno de ser fotografiado por sus colores e intriga que genera de “que me pasa si me caigo allí”.

Previo a la llegada a Los Molles me encontré con un monolito perdido, pero de mucha importancia histórica para nuestro país y es el límite austral de la Campaña Libertadora del Gral San Martín. El punto histórico pasa desapercibido al menos que uno pare a leer lo que dice ya que los picos que asoman en el fondo pertenecen a la Cordillera de los Andes y quedamos atrapados cuando comenzamos a verlos levemente nevados en verano.  Y me detuve, entre el silencio, el nulo tráfico en la ruta 222 y el viento y sol en el rostro me hizo pensar: Aquí estuvo el Gral. San Martín, aquí pasó su regimiento para cruzar esa montaña, ese cordón montañoso y yo que no hago mas de 10 cuadras a pie. Esos eran héroes. Y seguí mi ruta.

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Ya entrando en Las Leñas, fue como ver un parque de diversiones cerrado y desmantelado. No sabía si estaba en Mendoza o en Jujuy. Algunos micros merodeando con adultos mayores, tercera edad o jubilados como generalmente se los llama disfrutando de la vida y del paisaje. Yo le llamo la edad de la sabiduría.  Después de todo a mi se me ocurre pasar por allí en verano.  igualmente en invierno nunca se me hubiera ocurrido ir porque no me gustan los lugares con única actividad, en este caso seria esquiar, y en segundo lugar quedaría comer y dormir para el otro día seguir esquiando. No va conmigo ese tipo de rutina.

Luego de ver Las Leñas, en verano,  me di cuenta que era hora de partir, tomar la ruta 222 para luego agarrar la famosa ruta 40 e ir a San Rafael y así cumplir  el 50% de la ruta mas larga de la Argentina que pasa por El Sosneado, un pequeño paraje famoso por éste hito.

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Lo único que me queda y llevo en mi mente son fotos detenidas en el tiempo y haber parado y meditar en el hito sanmartiniano, sí, allí donde nuestro prócer nacional cruzó para liberar Argentina, Chile y Perú.  En conclusión, vayan en invierno.

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